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lunes, 21 de octubre de 2013

Percevan (X): El Señor de las Estrellas

Luguy - Léturgie (Dargaud. 1998)
Grijalbo/Dargaud (1998 - redistribución Norma: 2009)
Edición original: Le Maître des Etoiles

Atención:
este artículo puede revelar detalles sobre el argumento.

Tres lunas en el cielo auguran el comienzo de una era que traerá un nuevo orden cósmico. Desde su observatorio, el maestro Huberto presencia este insólito acontecimiento celeste y se dispone a examinar sus pergaminos poco antes de ser interrumpido por un misterioso asaltante. Perceván y Kervin, buscando cobijo de la furiosa tormenta nocturna que se ha desatado, llegan al torreón del astrónomo en el momento que se está consumando su secuestro. Esquivando la ofensiva de los autores de la fechoría, apenas tienen tiempo de descubrir lo sucedido por boca de un lacayo agonizante y de salvar su propio pellejo.

Tras recuperarse y realizar las oportunas averiguaciones, cabalgan en pos de los raptores sólo para dar con que acaban de partir en barco hacia algún lugar del norte de África. Allí, un sabio árabe que se hace llamar el Señor de las Estrellas, al servicio del sultán Azís, conspira para obligar a Huberto a participar en un ritual único en la historia de la ciencia.


Alcanzamos el décimo título de la colección, que vuelve a situar al infatigable Perceván y su gordo escudero en las mismas tierras desérticas donde ya tuvo lugar su quinta entrega, El Arenal de El Jerada. Si el primer tercio del álbum discurre en alguna imprecisa comarca que el héroe pelirrojo recorre en su vagabundeo desde que fue desterrado por orden del rey, el resto de la trama de esta aventura se desarrolla en Arabia. Ni en aquel tomo ni en este, Léturgie, el guionista, se molesta en despejar la ambigüedad geográfica de sus escenarios, aunque bien podríamos suponer, por las menciones al Mediterráneo, que nuestro protagonista viaja hasta la región dentro del radio que abarca el Magreb.

Donde quiera que sea, se trata de un lugar en el cual el caballero cuenta con amigos que le pueden echar un cable en esta nueva misión, y una estupenda oportunidad para que los autores reintroduzcan antiguos secundarios, como el viejo Raduán y la exótica Saadia (lástima que no aparezca igualmente el simpático pilluelo Taïb).


También es la excusa perfecta para que Philippe Luguy pueda lucirse, con un dibujo formidable y minucioso que ya es marca de la casa, gracias a la variedad de ambientes que implica este cambio de entorno. De los parajes costeros del continente hasta las alborotadas ciudades árabes, con sus callejones estrechos, zocos y hammam, o suntuosas fortalezas en las puertas del desierto, que se erigen como nidos de águilas frente al enigmático cañón del oasis de El Djamal. Por supuesto, para que ni el caballero medieval ni su amigo juglar desentonen, les hace tocarse de sendas chilabas y turbantes, siguiendo la costumbre del país, y sustituye la tradicional espada del primero por una cimitarra más acorde con su nuevo atuendo. Y ya que hablamos de la indumentaria, si su hoja es una seña de identidad para Perceván, no lo es menos la característica capa azul con la que se cubre habitualmente en el curso de sus aventuras...


Si aludo a este ropaje no es con otra intención que sacar a la luz una rarísima anécdota de la que se hacen eco en la web oficial en francés de Perceván, y a la que han venido en denominar "el misterio de la capa". Recordemos que, tras el desafortunado incidente vivido por el héroe en Las Llaves de Fuego, su capa queda totalmente desgarrada. Prenda que, como es lógico, permanece en ese estado durante los tres álbumes (nº 6 a 8) que forman parte de la trilogía de Ainock. En sus siguientes andanzas, Perceván se provee de una capa nueva que ya luce en el tomo 9, El Arcano Negro (parece razonable que un campeón de su talla deba exhibir un vestuario adecuado, ¿verdad?). Pero, he aquí la sorpresa, que desde las primeras planchas de este volumen... ¡vuelve a llevar puesta la capa rasgada! ¿Quiere eso decir que Luguy habría dibujado el tomo 10 antes que el 9? Algo así podríamos pensar, pero el dibujante lo niega sin dar más explicaciones. ¿Acaso se le habrá vuelto a estropear a Perceván su túnica? Ahí queda la incógnita...


El guiño de rigor en la presente aventura va a parar sobre la persona del maestro Huberto, en un atento homenaje al octogenario astrofísico canadiense (residente en Francia) Hubert Reeves, autor de originales teorías creacionistas sobre la formación del universo.


Al margen de curiosidades pintorescas, lo cierto es que El Señor de las Estrellas se trata de un álbum un poco confuso a nivel de guión. Se sigue echando en falta, como en la aventura anterior, la participación de Xavier Fauche en la elaboración del argumento. Hay aspectos de la trama que requieren una necesaria aclaración; por ejemplo, las verdaderas intenciones de Solimán en todo el tinglado que monta. O bien el astrónomo del sultán desconoce los efectos reales de la ceremonia lunar —en la que él mismo interviene— sobre sus integrantes, o algo en sus planes se escapa por completo al lector. Por otro lado, el final de esta historieta es de nuevo un tanto dramático para Perceván, cada vez más melancólico, que no levanta cabeza con tanta penuria, el pobre.


En todo caso —ya lo he dicho otras veces— una de las cosas que más me gusta de esta serie es la humanidad de sus personajes. Muy en contra de la imagen amable que el dibujo evoca a primera vista, aquí los buenos también sangran y mueren, como tristemente se comprueba en esta entrega. Y en uno de esos gestos que hacen del mismo Perceván un personaje con sus defectos, por más que parezca un hidalgo de actitud intachable, le vemos esta vez pillarse con Kervin una melopea de órdago, con unos efectos que ríete tú de Resacón en Las Vegas... En cuanto a Kervin, además de su enorme gula, hace gala nuevamente de las poquísimas ganas que siente de embarcarse en empresas peligrosas tras los pasos de su amigo (que encima en esta ocasión le cuesta chichones y magulladuras), aunque se ve que Perceván ya está inmunizado a sus quejas y gimoteos, pues hay momentos en los que ignora cosa mala a su acompañante.


El tomo nos deja también viñetas plagadas de detalles dignos del pasatiempo de las siete diferencias, como en la que Kervin anda hurgando en las cocinas del maestro Huberto, por ejemplo. Pero en especial, la del harén en el palacio del sultán, que permitió a Luguy explayarse en un tipo de trazo sobre el que tiene sobrada práctica; el de la figura femenina en todo su esplendor. Sin embargo, ya sabemos que no en cualquier parte tiene igual cabida el cómic explícito en este sentido, ni siquiera en clave caricaturesca, como es el caso. De manera que esta y otras escenas han tropezado con el ridículo puritanismo yanki en la edición integral de Legends of Percevan que publica Fantasy Flight Publishing en EE.UU. Para el cuarto volumen, que incluye esta historieta, Luguy ha tenido que retocar unas cuantas planchas 'eróticas' para no herir así la frágil sensibilidad del lector norteamericano. Podéis observar aquí el resultado en la citada viñeta:

Fuente: Chevalier Percevan, Héros de BD

Claro que la edición española de Grijalbo, la única que circula actualmente de este álbum en nuestra lengua, también tiene lo suyo. Cajas de texto que transparentan la rotulación original, onomatopeyas que conservan las tildes francesas, imperativos incorrectos en forma infinitiva (error de traducción de Pilar Garriga) y un sinfín de pormenores que Norma hubiera podido corregir de haber lanzado una edición renovada.

Cubierta de la tirada normal y de la edición especial de Le Huitième Royaume

El Señor de las Estrellas fue el último álbum de Perceván que publicó Grijalbo, en 1998. Los lectores españoles tendrían que esperar la friolera de 20 años (¡veinte!) para ver aparecer una nueva aventura del personaje en nuestro país, ya de manos de Norma Editorial, en 2009. Por desgracia, parece que ésta se ha relajado en dar continuidad a la serie desde entonces... el tomo 14 sigue haciéndose de rogar. Entretanto, el pasado mes de agosto salió a la venta en Francia el número 15 de la colección, El Octavo Reino (del que podéis ver la portada junto a estas líneas), y se ha anunciado el título de la siguiente entrega, en la que ya están trabajando los autores: La Corona del Crepúsculo.

5 comentarios:

Cyllan dijo...

Buena reseña. No sabía lo del maestro Huberto, jej. Me chifla Percevan y me temo que no he leído el último o dos últimos publicados. Tengo que remediarlo.

Hammer Pain dijo...

Guau! hacía tiempo que no recordaba a Percevan... tenía algunas historias suyas cuando era pequeño... que nostalgia me acaba de entrar :)

Beldz dijo...

A ver si algún día empiezo Percevan, que tiene una pinta estupenda. Estoy segura de que me encantaría. Y ya sería hora de que Norma se pusiera las pilas, que a este ritmo...

Fawn dijo...

Pues yo creo que nunca he leído nada de Percevan :S

Tendré que ponerle remedio... ;)

Besos de colores, Jolan!

Jolan dijo...

Gracias, Cyllan. ¡No sabía que también fueras seguidora de Perceván! Pues nada, te animo a ponerte al día con los tomos que te faltan. :)

Hammer Pain:
Poderoso es el peso de la nostalgia, eh? ^^ Pues el personaje ya ves que aún sigue en el candelero.

Yo creo que te gustaría, Beldz, aunque comparto la opinión de que Perceván es una serie que engancha más a quienes la hemos conocido ya desde pequeños.

Fawn: Prueba con algún álbum suelto y me cuentas! Besos. ;)

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